El conjunto de lo existente es como el barco de Teseo, que, según Plutarco, como había transportado desde Creta a los jóvenes rehenes que el héroe salvó del sacrificio, fue conservado por los atenienses durante muchos siglos en carácter de reliquia. Pero como los años la iban desgastando, le sacaban las tablas que estaban demasiado viejas y las reemplazaban con otras nuevas que pasaban a integrar el conjunto.
Estas reparaciones se hicieron muchas veces. Por eso, cuando los filósofos de Atenas discutían sobre la noción de crecimiento, el barco de Teseo constituía un ejemplo controvertido: unos sostenían que seguía siendo siempre el mismo y otros, que ya no lo era.
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