jueves, 5 de agosto de 2010

El viento

Era todo una lluvia de pintura. Ramón me gritaba y es como que quería salir corriendo.
Adónde vas a ir, Ramón? casi le digo, Adónde vas a ir ahora? Pero no sé porqué me callé, no le dije nada.
Yo ya estaba empapado en pintura, de pies a cabeza, una porquería, el pulóver todo duro y amarillo.
Y ahora venía el tacho azul, como arrastrado por el viento. Si hubiera atado bien las cuerdas,... pensé. Pero ya era tarde. Ramón me había pasado. El boludo había perdido un zapato.
Después ya casi no me acuerdo. El viento seguía soplando y hacía un frío impresionante. Menos mal que traje el pasamontañas.
Me acuerdo que vi la avenida, y a Ramón que iba delante de mí, derechito, derechito...
Igual de ésta no salimos, pensé. Ni siquiera le voy a poder dejar el pulóver a la Nora, manchado de pintura como está.
Los autos se fueron haciendo cada vez más grandes...
Creo que caí arriba de una picú (si no hubiera sido por ese viento...)

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